La recuperación de residuos de uso agrícola y ganadero en Galicia experimentó en 2025 un salto sin precedentes: de los escasos 700 kilogramos recogidos en 2024 se pasó a casi 30.000 kg, una cifra que convierte a la comunidad en uno de los casos de referencia del sistema colectivo AEVAE a escala estatal.
El sector primario gallego acumuló en 2025 un resultado que pocos habrían anticipado. Los 70 puntos de recogida que la Asociación Española para la Valorización de Envases —AEVAE— mantiene repartidos por las cuatro provincias de la comunidad lograron recuperar 29.600 kilogramos de envases agrícolas y ganaderos, frente a los apenas 700 kg contabilizados el ejercicio anterior. El incremento supera el 4.000 % y refleja un giro profundo en la forma en que el campo gallego gestiona sus residuos de envase.
La evolución no es casual. Detrás de estos números hay un trabajo sostenido de implantación de puntos de recogida en enclaves estratégicos del mundo rural: almacenes de suministros agrícolas, cooperativas y, en algunos casos, dependencias de administraciones públicas. La red se fue consolidando durante los últimos ejercicios hasta alcanzar la masa crítica necesaria para que los agricultores y ganaderos gallegos encontraran en ella una respuesta práctica a sus obligaciones legales en materia de residuos.
La normativa europea de envases obliga a los productores a adherirse a un sistema colectivo de responsabilidad ampliada que garantice la recogida y la trazabilidad de los residuos. AEVAE actúa precisamente como ese puente entre la exigencia legal y la realidad operativa de las explotaciones, muchas de ellas de pequeño tamaño y con escasa capacidad administrativa para gestionar el cumplimiento normativo por su cuenta.
El desglose por tipo de envase en Galicia durante 2025 dibuja un perfil dominado por los envases contaminados, que supusieron el 65,76 % del volumen total recuperado. A continuación figuraron los envases de plástico no contaminado, con algo más de un 21 %, seguidos por los envases compuestos, que representaron casi el 7 %. Los de papel y cartón alcanzaron el 5,32 %, mientras que los de madera apenas llegaron al 1 %.
La preponderancia de los envases contaminados —aquellos que han estado en contacto con fitosanitarios, fertilizantes u otros productos de uso profesional— pone de relieve el tipo de actividad que caracteriza al agro gallego, intensivo en el uso de productos para cultivos, viñedos, explotaciones de vacuno y granjas avícolas. Su correcta valorización es especialmente relevante desde el punto de vista sanitario y ambiental, dado el potencial contaminante de los residuos que contienen.
José Vicente Ronda, socio director de Heura, entidad que administra AEVAE, subrayó el significado del dato gallego: «El caso de Galicia es especialmente significativo para nosotros, ya que la evolución de los últimos años es muy positiva. El sector está cada vez más sensibilizado con la reducción del impacto medioambiental de su actividad y con el cumplimiento de la regulación. Nuestro objetivo es facilitar que ese cumplimiento normativo no suponga una carga», explicó.
La asociación no da por concluido el trabajo. Entre sus próximas iniciativas figura la ampliación de la red de puntos de recogida en zonas de especial relevancia agrícola y ganadera, con especial atención a municipios del interior de Lugo y Ourense, donde la dispersión del territorio y el minifundismo complican la logística de recogida. Nuevas colaboraciones con cooperativas y con administraciones locales están ya en fase de negociación.
A medio plazo, AEVAE trabaja también en la elaboración de un código de conducta propio y en el desarrollo de canales de comunicación más fluidos con sus grupos de interés. Ambas medidas responden a la creciente demanda de transparencia por parte de las instituciones reguladoras y de los propios asociados, que quieren conocer con precisión qué ocurre con los residuos que depositan en los puntos de recogida.
El modelo funciona porque resuelve un problema real. Los agricultores gallegos no solo han pasado a cumplir con la normativa: lo han hecho de forma masiva y en un plazo muy corto. El salto de 700 a 29.600 kilogramos en un único ejercicio no se explica únicamente por una mayor conciencia ambiental, sino también por la disponibilidad de una infraestructura que elimina la fricción entre la voluntad de cumplir y la posibilidad efectiva de hacerlo.


